marzo 11, 2012

Ruge el Rumiñahui con BUNBURY y su Licenciado


Bunbury, el flaco que no flaquea, llenó el coliseo Rumiñahui





Enrique Bunbury es un flaco que jamás flaqueará. Sus dedos largos y delgados apuntaban al público anoche y sus fans en el coliseo Rumiñahui de Quito le agradecían cantando o gritando los versos de ese rock de cantina. 







Un muchacho llegó tarde a la cita con Bunbury y con su pareja. Los graderíos estaban a reventar y él se quedó bajo el acceso 2. "Angélica, venme a ver a la puerta. Yo vine por vos" gritaba sin darse cuenta que Enrique había terminado de cantar en la tarima "Sácame de aquí". Angélica no bajó ni cuando Bunbury se despedía del público por primera vez. Un poco antes aquel joven debió corear "pronto llegará el día de mi suerte", no lo hizo para seguir intentando una llamada a su Angélica... Claro los miles de fanáticos no se la creyeron y gritaron y gritaron para que el dueño de 'Licenciado cantinas' saliera al escenario nuevamente.



 En la primera parte del show, Bunbury lucía un traje negro, ajustado a su cuerpo y con alegorías rojas. No llevaba su tradicional sombrero vaquero, pero sí lucía unos zapatos negros de charol. El flaco español estaba elegante, aunque le faltaba el toque de sombrero. Los gritos no pararon, Enrique Bunbury no podía ser el héroe del silencio, sus fans querían más música extraída de 'Flamingos', 'Pequeño' y 'Licenciado Cantinas', el álbum que sirvió de pretexto para que viniera a Quito. En el acceso 2 seguía el muchacho, gritando a su amada que lo encontrara en la puerta. Ella ya no contestaba el celular y el tenía la cara más larga y sus ojos más enojados, parecía que quería ser parte de El Club de los imposibles o querría la bola de cristal que suena en la canción La flor de loto. Bunbury volvió al escenario, ahora sí con su sombrero vaquero, la camisa negra abierta y un bividí rojo. Se le notaba su correa, era, tal vez, el único que podía lucir una correa dentro del coliseo Rumiñahui. Una horda de jóvenes con chaleco anaranjado se encargó de retirar los cinturones a los asistentes. Cada cinturón iba a decenas de bolsas. 



Los jóvenes encargados de la seguridad aseguraban que las correas podían recuperarse al terminar el concierto. Entonces si esos filtros de seguridad surtieron efecto, sí Bunbury y sus músicos eran los únicos que lucían cinturones. En las gradas altas del Rumiñahui el sonido de las canciones no se escuchaba tan nítido, pero la gente coreaba los éxitos del ex Héroe del Silencio. Me calaste hondo se cantó en la general como si fuera un himno de la nostalgia. Aquel chico no desistía de su empresa de encontrar a su amada. Bunbury se despedía por segunda vez, pero tampoco el público se la creyó y gritaba para romper el silencio en el escenario. Este segundo retorno fue más corto y terminó como debía concluir con Y al final, la canción que también se coreó como himno. El chico del acceso 2 debió corearla, no lo hizo, se perdió de decir: "y al final quiero verte de nuevo contenta, sigue dando vueltas si aguantas de pie..


Fuente | Elcomercio.com

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1 comentario:

diana romero dijo...

muy buenas fotos ademas de hermoso es tan inteligente un verdadero poeta