mayo 30, 2011

DESCARGA "BUNBURY EN PUEBLA" EL VIAJE A NINGUNA PARTE

8.000 mil seguidores lo acompañaron en "El viaje a ninguna parte"


Como un verdadero divo, Enrique Bunbury ratificó su enorme popularidad, también su ego, frente a poco más de ocho mil fanáticos que acudieron a la Plaza de Toros "El Relicario", el pasado domingo 8 de agosto, donde ofreció una deliciosa degustación musical basada en su nuevo material discográfico.



De traje blanco, sombrero, una reluciente cruz en el pecho, guitarra en brazos, una pantalla gigante de apoyo y la compañía de ocho magníficos músicos además de un excelente equipo de sonido e iluminación, uno de los pocos y emblemáticos ídolos musicales de la actualidad pisó fuerte el escenario poblano y demostró, por medio de vastas canciones, por qué posee ese lugar. 

Impresionante fue ver y escuchar la algarabía de las almas congregadas en una plaza, solamente para presenciar un concierto que ofrecería añadidas sorpresas, conforme transcurriera la noche. 



Luego de un aguacero, serios desmanes, portazos, empujones, una hora de espera y fuerte presencia de revendedores Ð300 pesos el boleto-, resultado evidente de la falta de organización, los seguidores del "astro" zaragozano lograron ingresar al transporte que los llevaría al viaje a ninguna parte. 

Al filo de las 21 horas, la gente comenzó a pedir la presencia del cantante con fuertes pisadas capaces de hacer retumbar las gradas. 



Con una leyenda al pie del escenario que recordaba el nombre de su nuevo disco de Bunbury, uno a uno empezaron a aparecer en el escenario los músicos para dar paso a la entrada triunfal. El ex integrante de "Héroes del silencio" haría leyenda una vez más al interpretar un sinfín de temas, básicamente del mencionado disco. 

Aun cuando se rehusó a dar entrevistas, fuera por su ego, fuera por su real desgaste físico Ðcansancio-, innegable es el poder enorme del español con la gente. Y es que pocas ocasiones se puede percibir en el aire ese "amor" por el artista. Ni siquiera la visita de estrellas de las décadas de 1970 y 1980, llámense Air Supply o Foreigner -con distantes grados de comparzación, claro está- hicieron tanta mella como él. La totalidad del recinto gritó y coreó los éxitos de ayer y hoy. 



Por supuesto que las expectativas para este concierto eran muchas, pero cualquiera de ellas fue rebasada por la realidad. En resumen, una presentación de sublime calidad, de inicio a fin. Mejor calificativo al concierto, no a la organización, sería difícil de encontrar. 

Independientemente de la afinidad musical con Bunbury, se insiste, las cualidades de esta gira son impresionantes. Desde el equipo de sonido, de primera clase, hasta el profesionalismo de cada integrante, cuya entrega es, al menos parece ser, total. 

Iniciando el concierto con una probadita de "El viaje a ninguna parte", el ambiente fue desatado cual bomba molotov. El rescate, Que tengas suertecita, La señorita hermafrodita, El aragonés errante, Alicia, Lady blue, Enganchado a ti, San Cosme y San Damián, fueron solamente algunos de los temas interpretados. 

Por lapso de dos horas, las luces de "El Relicario" se tornaron de colores y de un ambiente circense, bastante prendido. Los músicos vestidos con trajes de malabaristas, trompeteros y payasos, en tanto que Bunbury con un aire de exitoso animador. 



A casi dos años de haberse presentado en el recinto ferial con Flamingos, El viaje a ninguna parte fue una experiencia, a decir de algunos fanáticos "incomparable", llena de discursos contra el sistema a la voz de "la salvación de las almas " con un atento "no a la represión". 

Mientras la cerveza corría de mano en mano entre los hermanos que asistieron al concierto, el español ofrecía una serie de historias llenas de amarga fantasía imprengandas de realidad que derivaron en una presentación aplaudida y de reconocida calidad, razón por la cual le es perdonado cualquier aire de desdén a los autógrafos o a la misma prensa. 



Enrique Ortiz de Landázuri Izardui descubrió la fórmula para hacer sucumbir esas almas a sus pies. Sólo bastaron unas cuantas canciones que relataran la vida cotidiana, cargadas de sonidos diversos -jazz, blues, corridos o rock- compilados en una recia personalidad capaz de bailar al son que le toquen. 

El viaje a ninguna parte, así como este concierto, es llanamente un regalo para quienes aprecien los experimentos musicales.














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